Tres segundos
y el día empieza.
Portafilter sin fondo visto desde abajo. El café se junta en el centro y cae en un solo hilo.
El logotipo grabado en acero cepillado, tan cerca que se ve el relieve del troquel.
Todo empiezafuerade la máquina.
Dieciocho gramos. Molienda fina, casi harina, pero no tanto como para ahogar la bomba. El grano decide más que cualquier botón.
El foco viaja del grano a la máquina: primero la materia prima, después la herramienta.
El grupo,por dentro
Portafilter encajado en el grupo de 54 mm. La pieza donde todo se juega.
Dos vasos,
un gesto.
Dos vasos de doble pared llenándose a la vez, con las vetas de crema marcando el ritmo.
La crema no se pide. Se gana.
Avellana, densa, con ese remolino que se cierra sobre sí mismo. Dura tres minutos: por eso se bebe de pie.
Superficie avellana con el remolino cerrándose. La prueba de que la molienda estaba bien.
Y entoncessilba
La máquina deja de ser un objeto quieto y pasa a ser algo que respira sobre la encimera.
La lanza suelta vapor y el encuadre entero se llena de niebla contra el fondo negro.
Cincuenta
centímetros
De cafetería, entre la tostadora y el bote de azúcar.
La máquina entera, con los granos desenfocados en primer término haciendo de marco.
Fin
Mañana, por la mañana, otra vez.
Hecho con ♥ por Alejandro D. Cardona